viernes, 3 de octubre de 2014

Capitulo 5:Te encontré sin apenas buscarte

La voz del recepcionista me sobresaltó apartando mi mirada de aquel cartel, subí las escaleras sin dejar de pensar en ello, no entendía  la razón de porque mi mente había quedado atrapada en aquel folio arrugado pegado sobre los posters de  luz de esta ciudad.
Metí la pequeña tarjeta sobre la cerradura, abriendo así lo que sería mi habitación en estas semanas, estaba agotado, a  decir verdad casi no había dormido aún, y aprovechando que solo tendría esta tarde para descansar ante del concierto y las promociones decidí cerrar momentáneamente los ojos.
Pasaron dos horas cuando el sonido del teléfono me despertó de aquel agradable sueño
-¿Si?-dije con la voz dormida
Soy María-Respondió tímida, y yo salté asustado sentándome sobre la cama
-¿Que le ha pasado a Alba?¿Está bien?
si, si ahora duerme en su habitación
-Buf-Resoplé aliviado
Solo quería saber como te iba...no sé se me hace raro no verte por aquí
-Creo que deberías de estar acostumbrada
No puedo, la casa se me hace demasiado grande-Sollozaba acelerando su respiración
-Tengo que colgar ¿vale? debo de prepararme para esta noche
Creía que empezabas mañana
-No tiene nada que ver con el trabajo-Logré decir ante su insistencia
Necesito hablar contigo, llámame cuando puedas-Y con esas últimas palabras se despidió de mí colgando esta vez ella, parecía enfadada pero obvié su gesto, no me apetecía pensar en ello ahora.
Me levanté estirazándome, me dolía la cabeza, y sentía un pequeño pinchazo en la espalda al moverme, se que necesitaba descansar aún más pero la noche me esperaba y era la única oportunidad de hacer algo diferente, entonces mi mente viajó en el tiempo a horas antes y "Lali" resonaba una y otra vez sobre mí.
Eran las nueve cuando terminé de arreglarme, con unos jeans vaqueros y una camisa blanca a juego con unos mocasines del mismo color. Salí casi sin hacer ruido, Mariola se hospedaba en la habitación de al lado y no me apetecía dar explicaciones y escuchar sus prohibiciones maternales.
La noche refrescó casi quemando mi cara al salir del portal, el taxi me esperaba en la puerta, arranqué el cartel de su sitio para enseñarle la dirección al taxista que desde su asiento afirmaba seguro de sí mismo, aunque me miró de arriba a bajo antes de que entrara, casi podría decir que molesto, tampoco entendí el porque y decidí obviar la situación.
A medida que íbamos llegando al lugar entendí que quiso decirme, estábamos en "La otra cara" de Buenos Aires, la que nunca nos enseñan por la televisión, ni oímos hablar de ella.
Chabolas distribuidas a un lado y al otro de la carretera, mujeres al calor de las fogatas calentando así al niño que acunaban entre los brazos, aquí parecía que el frío se multiplicaba por cien.
Y en momentos así es cuando empiezas a apreciar tu vida, a mirar alrededor y sentir la suerte que tienes de tener donde comer, una casa, un hogar, mi familia...empiezas a apreciar todo lo que antes quizás ignorabas.
-Hemos llegado-Musito, yo pago y me bajo con cautela del automóvil, aquel sitio empezaba a darme miedo, sentía ese pellizco en el interior del estómago y no  sabía si había sido buena idea venir hasta aquí.
Me armé de valor y entre en aquel bar, estaba abarrotado a decir verdad y eso me sorprendió, un pequeño local de chapa, donde decenas de personas, sentadas sobre las incómodas sillas de plástico esperaban con ansia algo caliente que poder llevarse a la boca, eso me entristecía, me hacía sentir incluso sucio, pensar que con una parte de lo que recibo podría hacer felices a tantísima gente es algo que me chocó, me trastornó por completo y creí que habría que tomar decisiones.
Una mujer de unos sesenta año vino hacia mí contemplándome, todo el mundo lo hacía ahora, había un silencio incómodo en la habitación, todos intuían que no era de donde ellos y eso me hacía sentir que sobraba en aquel lugar. Di media vuelta para volver a donde quizás no debía de haber salido pero una mano paró mi movimiento
-¿Qué desea tomar?-Pregunto la longeva que antes me recibía.
Un Cosmopo...Un vaso de agua por favor-corregí, ella asentó con un ligero movimiento de cabeza y me sirvió en la mesa con la mayor de las sonrisas. Me dispuse a dar un trago cuando escupí de una sola vez el contenido de mi boca al verla subir a aquel escenario improvisado, era ella, debía de ser ella, debajo de aquel gorro de lana que  tapaba parte de su cara y pelo que sobre salía de sus orejas, unos pantalones ajustados y un jersey agujereado casi por las rodillas, con el paso sereno hasta el taburete del centro de aquel tablao.
Sus manos agarraban el micrófono, tragó mientras el instrumental seguía el ritmo que marcaban sus pies, los primeros acordes de "Aprendiz" sonaron haciendo eco bajo la uralita, me sorprendió el tema, al igual que aquellos ángeles que habitaban en su garganta, era magia,o incluso mas que eso, su voz ronca,aterciopelada en los tonos bajos, sus ojos empañados sintiendo la letra, el suspiro justo después de forzar la voz, sus ojos cerrados, en aquella burbuja justo donde yo la acompañaba, podía sentir como tocaba con la punta de mis dedos el cielo que ahora disfrutaba también de su talento, y con un "Maldigo lo que hago y te lo debo a ti" Rasgado dio por finalizada la actuación, todos aplaudían y yo me dispuse a ponerme en pie y decirle una y mil veces mas que era la voz mas bonita que había oído nunca.
Esperé a que todos abandonaran el lugar y ella recogía el escenario con el mismo arte que afinaba cada tonalidad y una vez creyéndonos solos me acerqué a ella
-Hola-saludé
-Hola
-Oye te he oído y...
-Si vas a reírte de mi te rogaría que lo hicieras rápido , tengo demasiada prisa-Decía sin dejar de apartar sus ojos sobre los míos , un momento...no me había reconocido...
-No voy a reírme de ti, ¿Por qué dices eso? Solo quería felicitarte
-No eres el primero que se acerca con esta gilipollez para acabar humillándome
-Creo que no me conoces, verás soy Pablo Alb...
-Y yo Lali,encantada-Dijo marchándose del lugar.

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